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Akamba 2026 cómo fue el festival en Tequila Jalisco

Fers Ortiz

2026-04-27

Imagen Ilustrativa News

Akamba no arranca cuando llegas. Arranca en el trayecto. El Akamba Express, el tren que sale desde Guadalajara rumbo a Tequila, es parte central de la experiencia. No es transporte, es el primer set del día.

Cada vagón tiene un DJ distinto —muchos de los mismos que tocan en el festival—, así que desde el inicio entras en dinámica de música en vivo. No sabes exactamente qué te va a tocar hasta que estás ahí, y eso también es parte del juego.

Mientras avanza el tren, entre campos de agave, el ambiente se va armando solo. Tequila, bocadillos, música y paisaje.

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Akamba no se corre, se habita

Ya en Tequila, el formato no empuja a correr. El espacio abierto, rodeado de agaves, cambia la relación con la música: menos prisa, más permanencia. No es un festival de “checklist”, es de quedarse en un set y dejar que avance con la tarde.

La curaduría combina electrónica (house, techno, live acts) con proyectos alternativos y globales, algo que Akamba ha sostenido desde sus primeras ediciones. El resultado no es un cartel “de hits”, es uno que funciona con el entorno.

El punto donde todo conecta: el atardecer

En Akamba, el clímax es en el anochecer. Baja la temperatura, cambia el color del valle y la música se vuelve el hilo que une todo. Es un momento que no depende de quién esté tocando; depende de dónde estás.

Ahí es donde el festival se vuelve experiencia completa.

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Identidad por encima del tamaño

En un calendario lleno de eventos masivos, Akamba apuesta por otra cosa: identidad. El tren, el paisaje, la mezcla de géneros y la forma de vivir los sets hacen que no dependa solo del lineup.

Por eso la gente repite. Porque no es “otro festival”; es una forma distinta de vivir la música.

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