Beat 100.9 FM | El estimulo visual de destruirlo todo en Donkey Kong Bananza

El estimulo visual de destruirlo todo en Donkey Kong Bananza

Fers Ortiz

2026-01-20

Imagen Ilustrativa News
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Desde que Donkey Kong Bananza fue anunciado como exclusivo de Nintendo Switch 2, la comunidad gamer se llenó de curiosidad. El juego, lanzado el 17 de julio de 2025, prometía una aventura diferente en la saga de Donkey Kong y lo cumplió de una forma que pocos esperaban: no solo se trata de brincar y pegarle a enemigos, sino de interactuar y descubrir el mundo entero a puñetazos.

A diferencia de muchas aventuras de plataforma donde el mundo es un decorado estático, en Bananza cada roca, cada pedazo de tierra y montón de basura puede ser roto, excavado o colapsado, revelando secretos, caminos alternativos y coleccionables en cada capa de terreno.


¿Qué es lo que lo hace tan adictivo?

Lo que convierte a este título en una experiencia que muchos ya llaman única es el sistema de destrucción orgánica del escenario. Este no es un simple efecto visual: el mundo del juego está construído con voxels, que son como pequeños bloques tridimensionales que componen cada superficie. Cuando Donkey Kong golpea el terreno, los bloques reaccionan de manera real, se desintegran y cambian la forma de la superficie como si hubieras excavado de verdad.

Esta libertad no solo abre posibilidades de exploración creativa, sino que hace que el acto de destruir se vuelva intrínsecamente satisfactorio: golpes, partículas, derrumbes y sonido se combinan para crear un “feedback” que empuja al jugador a seguir explorando cada esquina del mundo.


¿Por qué destruyendo es emocionante?

Piensa en tus juegos favoritos: ¿qué es lo que te hace decir “wow”? En Bananza esa sensación viene cada vez que un muro cae, cada vez que se abre un pasaje oculto o cada vez que recolectas monedas de maneras inesperadas.

La mismísima Nintendo ha dicho que este enfoque de “cadena de destrucción y descubrimiento” —donde una simple acción lleva a otra y a otra— no se ha visto igual en otros juegos. Según un ejecutivo de Nintendo of America, la destrucción en este juego no solo es estética: es funcional y motivadora para la exploración.

Y no es solo teoría: jugadores de todo el mundo han pasado horas destruyendo niveles completos, como un gamer que se aventó más de cuatro horas derribando todas las estructuras posibles en una sola área de juego, solo por puro placer y curiosidad.


Visual y audio: un combo que engancha

El impacto visual del juego no está ahí por accidente. Los desarrolladores diseñaron los efectos con partículas, flashes y vibraciones del control para que cada impacto “se sienta” de verdad.

También el audio desempeña un papel enorme. Cada tipo de superficie produce un sonido distinto al reventarse —desde el crujir de la piedra hasta el estallido de monedas brillantes — que refuerza la sensación de potencia y recompensa intuitiva cada vez que Donkey Kong rompe algo.

Este diseño audiovisual transforma cada nivel en un telón de fondo dinámico, donde la destrucción no es un efecto secundario, sino el núcleo de lo que hace divertido el juego.


¿Por qué ha tenido éxito?

La combinación de una idea fresca, una mecánica visual y física satisfactoria, junto con la nostalgia por un personaje clásico, ha hecho que Donkey Kong Bananza sea uno de esos juegos que no solo se juegan… se sienten.

Esa mezcla de libertad, exploración y recompensa sensorial es lo que conecta con jugadores de todos los gustos y lo que ha catapultado este juego a ser uno de los más comentados del año.

-CÉSAR ROSALES

Beat 100.9
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