Se va una visionaria del sonido que redefinió la electrónica
Este 24 de febrero de 2026 se informó el fallecimiento de Éliane Radigue a los 94 años, una compositora francesa cuya obra se volvió sinónimo de exploración, paciencia y belleza sonora.
No era una música para escuchar de fondo: era un paisaje para entrar, para sentir cómo vibra tu cuerpo con cada microcambio de tono. Fueron décadas de experimentación en las que Radigue llevó su arte desde los laboratorios de música concreta hasta texturas que hoy inspiran desde la electrónica más abstracta hasta la escena minimalista contemporánea.
La noticia se dio a través de la pagina oficial de INA GRM (Groupe de Recherches Musicales) en Instagram.
De pionera silenciosa a referencia global
A mediados del siglo XX, Radigue se acercó a la música moderna desde una curiosidad que pocos tenían: qué podía hacer el sonido cuando no se apuraba ni se forzaba. Aprendió de los gigantes de la época en el movimiento de musique concrète, poniendo atención a cada fragmento de sonido como si fuera una historia en sí.
En los años 70, encontró su herramienta favorita: el sintetizador modular ARP 2500, con el que comenzó a moldear piezas largas, hipnóticas y casi vivas. Composiciones como Jetsun Mila o la icónica Trilogie de la Mort son obras que hoy se estudian como parte de la evolución de la electrónica lenta, meditativa y profunda.
Su enfoque era único: movimientos lentos, texturas que cambiaban de forma casi imperceptible y atmósferas que te hacían sentir el sonido más que escucharlo. Y aunque su música no alcanzó fama masiva en sus primeras décadas, su legado creció con cada escucha profunda que se compartía en círculos de artistas y creadores.
Un legado impresionante
No se trata solo de que Radigue fue una pionera —se trata de que abrió puertas a lo que la música electrónica podía ser:
- Extendió el concepto de sonido más allá de la melodía o el ritmo, acercándolo a la percepción sensorial.
- Su obra influencia a productores, DJs y creadores que buscan atmósferas inmersivas.
- Introdujo una forma de escuchar que obliga al público a bajar la velocidad, a sentir la música en lugar de solo reproducirla.
Hoy, su importancia en la historia de la música electrónica y experimental es innegable: no solo por lo que hizo, sino por cómo incentivó a que la música sea experimentación continua.

El legado sigue sonando
Algunas de sus piezas siguen siendo redescubiertas por nuevas generaciones que se acercan a su trabajo en plataformas digitales y en espectáculos en vivo que revaloran el arte sonoro como experiencia total.
Y aunque ya no esté aquí, su manera de entender el sonido —como algo que respira y que cambia lentamente— se cuela en la mente de quienes buscan algo más que música: buscan un universo para entrar con los oídos abiertos.




