La chispa que encendió una fiesta global
Hace poco más de una década, la música electrónica vibraba en clubes, eventos underground y shows internacionales, pero lo que faltaba era un festival que capturara toda esa energía en un solo lugar monumental.
Fue entonces cuando Leizer Guss, entonces promotor y luego director de eventos electrónicos en OCESA, decidió apostar por algo grande: traer Electric Daisy Carnival al Autódromo Hermanos Rodríguez. Su sueño no era solo repetir un formato que ya existía en Las Vegas o Europa, sino construir una conexión real con una audiencia que ya tenía hambre de experiencias gigantescas. Celebrando su primara edición en marzo de 2014.

Más que traer un festival: construir un movimiento
La misión de Guss no fue nada sencilla. Como él mismo contó en entrevistas, no se trataba solo de poner un DJ arriba de un escenario, sino de capturar la esencia de una escena que ya latía en México. Había que pensar en una experiencia completa: arte, música, comunidad y sensaciones.
“Nosotros como promotores, nos empezamos a dar cuenta que era muy posible que el valor que te deja un show donde sólo hay un DJ levantando las manos… podría ser pasajero. Entonces vimos la oportunidad de capturar la escena para siempre con un festival.” — Leizer Guss, sobre los orígenes de EDC en el país.
Aunque la primera edición tuvo retos financieros, en donde hubo perdidas económicas, el impacto emocional y cultural fue enorme. La conexión con el público fue tal que, pese a los números, se sintió como un hito para quienes ya estaban en la escena y para quienes apenas estaban despertando a la electrónica.

La filosofía detrás de un festival que se siente como fiesta
Para Guss, la importancia de EDC no se mide solamente en cifras o escenarios; se siente en la comunidad que vibra con cada edición. Él mismo ha comentado en distintas ocasiones que el enfoque de un festival debe centrarse en cómo lo vive la banda, no solo en quiénes están en la tarima. Ese enfoque, que pone la experiencia del asistente primero, ha sido clave para que EDC México pase de ser un festival importado a una fiesta que siente como propia.
Gracias a esa forma de ver las cosas, el EDC no solo se quedó como una reunión de DJs y beats: se volvió un ritual anual, donde cada año se estrena producción, nuevas propuestas, visuales impactantes, montones de talento internacional y una banda que sabe que va a vivir algo más que música.

¿Por qué su papel es tan importante?
La historia de EDC aquí no sería la misma sin la visión de Leizer Guss. Su apuesta por traer el festival y hacerlo crecer fue un acto de fe en la cultura electrónica y en quienes la vivían desde temprano. Desde pagar costos iniciales que no regresaron de inmediato hasta pelear por una propuesta que se sintiera auténtica para los fans, su influencia se siente en cada rincón del festival.
Hoy en día, cuando piensas en EDC México, no solo piensas en los DJs o en las luces enormes: piensas en una experiencia que desde sus orígenes fue concebida con pasión, visión y ganas de hacer algo que realmente marcara época. Esa es la huella que Leizer Guss dejó en el viaje de EDC aquí.
-CÉSAR ROSALES




