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Cómo la comunidad LGBTQ+ ayudó a dar vida al house y al disco

Fers Ortiz

2026-06-17

Imagen Ilustrativa News

Hoy es normal escuchar música electrónica en festivales gigantes, estadios o transmisiones en vivo para millones de personas.

Pero la historia comenzó en lugares mucho más pequeños. Antes de convertirse en géneros globales, el disco y el house encontraron hogar en clubes nocturnos donde personas de diferentes orígenes podían bailar juntas sin importar su edad, apariencia o identidad.

Esos espacios ayudaron a construir la cultura electrónica que conocemos actualmente.

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Todo comenzó en la pista de baile

Durante los años setenta, la música disco se convirtió en la banda sonora de clubes en ciudades como Nueva York, Filadelfia y Chicago.

Muchos de estos lugares reunían comunidades que pocas veces encontraban espacios seguros en otros entornos de la sociedad.

La pista de baile se transformó en un punto de encuentro donde la música era más importante que cualquier diferencia.

Clubes legendarios como Paradise Garage ayudaron a definir una nueva forma de vivir la noche. Allí, el DJ dejó de ser una persona que simplemente ponía canciones para convertirse en el protagonista de la experiencia.

Del disco nació el house

Cuando la popularidad del disco comenzó a disminuir a finales de los años setenta, varios DJs siguieron explorando nuevas formas de hacer bailar a la gente.

Uno de ellos fue Frankie Knuckles, quien desarrolló gran parte de su carrera en Chicago.

En un club llamado The Warehouse, Knuckles mezcló elementos de disco, soul, funk y música electrónica. El resultado fue un sonido diferente que más tarde sería conocido como house music.

De hecho, muchos historiadores consideran que el nombre del género nació precisamente de ese club.

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Una cultura basada en la comunidad

A diferencia de otros movimientos musicales de la época, el house creció gracias al boca a boca. No había grandes campañas publicitarias ni festivales internacionales.

La música viajaba de club en club mediante vinilos, DJs y comunidades que compartían la misma pasión por bailar. Esa sensación de pertenencia se convirtió en uno de los pilares de la cultura electrónica.

Un legado que sigue vivo

Décadas después, el house y el disco continúan influyendo en artistas de todo el mundo. Productores como Daft Punk, Purple Disco Machine o Honey Dijon han tomado elementos de aquellos sonidos para llevarlos a nuevas generaciones.

La tecnología cambió. Los escenarios crecieron.

Las audiencias se multiplicaron. Pero la esencia sigue siendo la misma: personas conectando a través de la música en una pista de baile.

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