Si alguna vez pensaste que ser actor solo significa aprender líneas y salir a escena, la historia de Michael B. Jordan te hace repensarlo. En una entrevista reciente con CBS Sunday Morning, el actor que interpretó al complejo Erik “Killmonger” Stevens —el antagonista de Black Panther— explicó algo que no muchos suelen admitir en público: el papel lo impactó emocionalmente y lo llevó a buscar terapia para poder volver a sí mismo después del rodaje.
Killmonger no es un villano plano: es un hombre con heridas profundas, frustración y una historia que lo empuja a cuestionar al mundo que lo rodea. Jordan dijo con honestidad que esa carga no desapareció al terminar la película. “Después de la película, se me quedó un poco,” compartió. “Fui a terapia y platiqué sobre ello. Encontré una manera de descomprimirme.”

El comentario crudo detrás de la fama
Cuando Jordan habla de terapia no lo hace con pena ni con rodeos. La describe como una herramienta práctica para despejarse y replantearse quién es fuera de un personaje intenso. Señaló que ese trabajo personal terminó siendo un proceso más amplio de autodescubrimiento y crecimiento emocional, algo que, según él, todos deberían considerar.
Dice algo que resuena especialmente si alguna vez has cargado contigo emociones que no sabías cómo soltar:
“Creo que es bueno para las personas ir y hablar. Eso no es algo de lo que me sienta avergonzado en absoluto, y estoy muy orgulloso de ello.”
Jordan también explicó que la terapia le ayudó a mejorar su comunicación y a ser una persona más equilibrada, dentro y fuera de su trabajo.
Ese enfoque honesto de su propia vulnerabilidad rompe con el estereotipo de que los hombres deben “aguantarlo todo”, y lo coloca dentro de una conversación más grande sobre salud emocional y fuerza mental.
Por qué Killmonger caló tan hondo (y no solo en taquilla)
No es casualidad que este personaje haya dejado huella. Killmonger es más que un villano: representa dolor, abandono, rabia y una búsqueda de justicia desde una perspectiva problemática, sí, pero profunda. Ese nivel de complejidad obliga a quien lo interpreta a adentrarse en emociones muy crudas.
Jordan contó que para meterse en ese mindset llegó a aislarse incluso de su familia durante la preparación. “Estuve un rato aislado, tratando de vivir como él lo hubiera hecho, lo que fuera ese proceso,” dijo, reconociendo que practicar así tiene un costo emocional.
Esta experiencia demuestra algo que no siempre sale en las entrevistas sobre cine: actuar no siempre es una escapatoria; puede ser un espejo que te enfrenta a partes de ti que no sabías que estaban ahí.

Más allá de Black Panther: un mensaje que trasciende el papel
Lo que comenzó como una forma de lidiar con la intensidad de un personaje se terminó transformando en una reflexión más ambiciosa sobre la vida. Jordan ha dicho que la terapia “espiralizó en conversaciones más grandes sobre sí mismo”, y destacó que buscar ayuda emocional no es algo de lo que nadie deba avergonzarse.
Este tipo de apertura, especialmente viniendo de una figura pública tan influyente, ayuda a normalizar lo que muchos vivimos en silencio: que el bienestar mental es tan importante como el físico. Y que no hace falta sufrir en silencio para demostrar “fuerza”.
-CÉSAR ROSALES




