Cuando la Copa más codiciada desapareció en 1966
Antes de que existiera la actual Copa Mundial de la FIFA, el premio máximo era el trofeo Jules Rimet, nombrado así por Jules Rimet, el presidente de la FIFA que impulsó el torneo en sus inicios. Ese trofeo pasó a la historia al coronar a los campeones del mundo, pero en 1966 dio un giro inesperado justo cuando Inglaterra afinaba los últimos detalles para organizar el Mundial.

El 20 de marzo de 1966, apenas cuatro meses antes del inicio del torneo, la copa se exhibió en el Westminster Central Hall de Londres. Aunque estaba protegida, alguien logró forzar la vitrina y robar el trofeo en plena exhibición pública.
Pickles: el héroe inesperado
La búsqueda desesperada se volvió una especie de cacería nacional. La policía inglesa, Scotland Yard, investigó el caso, incluso llegó a arrestar a un hombre llamado Edward Betchley, aunque nunca se recuperó el trofeo en ese momento.
Pero la historia dio un giro digno de película. Una semana después del robo, el 27 de marzo de 1966, David Corbett estaba paseando con su perro Pickles en el suburbio de Beulah Hill, al sur de Londres.

Pickles, un collie blanco y negro, empezó a olfatear algo medio enterrado bajo un arbusto. El humano apartó el envoltorio de periódico que estaba ahí y, para sorpresa de ambos, descubrieron el trofeo Jules Rimet, envuelto y escondido como si nadie hubiera pasado por ahí.
El propio hallazgo fue bastante literal: el perro encontró el objeto real que todos estaban buscando. Esa escena, extraña y fantástica, convirtió a Pickles en héroe nacional.
Pickles recibió comida gratis para perro de por vida, apareció en programas de televisión y hasta fue invitado a la cena oficial tras la victoria de Inglaterra en el Mundial.
El trofeo volvió… y la historia tomó otra vuelta
Tras el hallazgo, las autoridades verificaron el trofeo y lo devolvieron a la Football Association antes de que iniciara el Mundial. Inglaterra, ese mismo año, terminó ganando su único Mundial hasta ahora en una emocionante final contra Alemania.
Pickles no vivió muchos años después: murió en 1967 en un accidente con su correa mientras perseguía un gato. Aun así, su nombre quedó grabado como el can que le devolvió la sonrisa al fútbol.
El segundo robo: el misterio eterno
La aventura del trofeo que Pickles encontró no fue la única. En 1983, ladrones robaron de nuevo el trofeo Jules Rimet, esta vez en Brasil, país que lo había recibido en propiedad definitiva tras ganar su tercer título mundial en 1970.
El 19 de diciembre de 1983, un grupo de delincuentes ingresó a la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol y se llevó nuevamente el trofeo, junto con otras piezas.
A diferencia de 1966, esta vez el trofeo nunca fue encontrado. Las autoridades creen que pudo haber sido fundido o vendido en el mercado negro, aunque no hay pruebas concluyentes.
Después de ese robo, la FIFA mandó a hacer una réplica que se exhibe en actos oficiales, pero el original sigue siendo uno de los grandes misterios del fútbol mundial.

Una historia que combina fútbol, crimen y… un perro
Lo loco de esta historia es que algo tan serio como el robo de un símbolo máximo del deporte terminó teniendo un desenlace casi cinematográfico: un perro común que convirtió un acto criminal en una anécdota inolvidable.
Pickles no solo encontró el trofeo, sino que cambió para siempre la narrativa alrededor de ese Mundial. Su hallazgo no fue obra de detectives, sino una casualidad feliz durante un paseo y eso lo hace una de las historias más destacadas del fútbol.
-CÉSAR ROSALES




