
La historia de la música electrónica también está construida por inventores que imaginaron nuevas formas de tocar antes de que existiera una categoría clara para ellas. Bernard Szajner fue uno de esos casos.
El compositor, artista visual y pionero electrónico francés murió el 31 de agosto de 2026 a los 82 años, dejando una trayectoria que cruzó sintetizadores, iluminación, arte digital y diseño escénico.
Su nombre quedó especialmente ligado a la laser harp, un instrumento que convirtió haces de luz en una interfaz musical y que años después sería popularizado mundialmente por Jean-Michel Jarre.
De diseñar luces a convertirlas en instrumento
Szajner comenzó su carrera trabajando como diseñador de iluminación y efectos visuales para artistas como Magma, Gong y The Who.
Durante los años setenta empezó a experimentar con láseres dentro de espectáculos y terminó llevando esa tecnología un paso más lejos: en lugar de utilizar la luz como consecuencia de la música, quiso que la propia luz pudiera generar música.
Así nació su laser harp, también conocida inicialmente como Syringe.
El sistema proyectaba diferentes haces de láser que funcionaban como cuerdas virtuales. Al interrumpirlos con las manos, el intérprete enviaba órdenes hacia sintetizadores y otros equipos electrónicos.
Szajner desarrolló y patentó su versión del instrumento a comienzos de los años ochenta. Aunque existen antecedentes y otras reivindicaciones alrededor de conceptos similares, su diseño se convirtió en una de las referencias fundamentales de esta tecnología.
Jean-Michel Jarre la llevó frente a multitudes
La laser harp alcanzó otra escala cuando Jean-Michel Jarre comenzó a utilizar una versión construida por Szajner.
El instrumento apareció de manera destacada durante los conciertos de Jarre en China en 1981 y terminó convirtiéndose en uno de los elementos visuales más reconocibles de sus espectáculos.
Paradójicamente, Szajner nunca quiso que ese invento eclipsara completamente su trabajo musical.
Para él, la tecnología debía abrir nuevas formas de expresión y no convertirse únicamente en un efecto escénico. Por eso continuó experimentando con interfaces táctiles, hologramas y diferentes maneras de conectar movimiento, luz y sonido.
Una discografía que también miraba hacia el futuro
Antes de que la laser harp se convirtiera en su invento más conocido, Szajner ya había comenzado a producir su propia música.
En 1979 publicó Visions of Dune, inspirado por la novela de Frank Herbert y construido alrededor de sintetizadores, secuencias y texturas electrónicas que se alejaban de la faceta más accesible de la electrónica europea de aquel momento.
Un año después apareció Some Deaths Take Forever, un disco conceptual relacionado con la pena de muerte y desarrollado a partir de un encargo de Amnesty International.
Su catálogo también incluyó Superficial Music y Brute Reason, además de proyectos como The (Hypothetical) Prophets.
Con el tiempo, parte de ese material fue redescubierto por nuevas generaciones. InFiné reeditó Visions of Dune en 2014, mientras artistas vinculados a la electrónica contemporánea volvieron a señalar la importancia de su trabajo.
Cuando sonido y tecnología eran la misma búsqueda
Szajner se alejó de la industria musical durante años para concentrarse en artes visuales, teatro y proyectos digitales, pero nunca abandonó completamente la experimentación.
Su trayectoria resulta difícil de separar entre músico, diseñador o inventor porque precisamente trabajó en el lugar donde esas disciplinas se mezclan.
La laser harp terminó siendo su creación más reconocible, pero detrás de ella existía una idea mucho más amplia: la tecnología no tenía que acompañar a la música; podía convertirse directamente en una nueva manera de interpretarla.
Ese cruce entre sonido, luz e interacción es parte del legado que Bernard Szajner deja dentro de la historia de la electrónica.


