
Los primeros trabajos de Folamour estaban profundamente relacionados con el sample. Fragmentos de disco, soul y funk eran reorganizados hasta convertirse en piezas de house cálidas y reconocibles.
Ese lenguaje le permitió construir una identidad, pero también podía convertirse en un límite. En lugar de perfeccionar indefinidamente el mismo método, comenzó a incorporar más sintetizadores, instrumentos y composición en vivo.
Durante el proceso que condujo a The Journey, Folamour aprendió nuevas formas de componer y trabajó con músicos para ampliar el sonido que era capaz de construir. El objetivo no consistía en abandonar el sample, sino en evitar que una herramienta determinara por completo el resultado.

Cambiar de herramienta también cambia la imaginación
Cada método de producción favorece ciertas decisiones. Trabajar con un sample obliga a escuchar, cortar y descubrir posibilidades dentro de una grabación existente. Componer con instrumentos abre otras relaciones entre melodía, interpretación y estructura.
Ningún proceso es automáticamente superior. Lo importante es reconocer cuándo una herramienta continúa ayudando a expresar una idea y cuándo empieza a repetirla.
La evolución de Folamour no ocurrió porque negara sus discos anteriores. Ocurrió porque dejó de considerar su propio sonido como una fórmula terminada.
En la electrónica, encontrar una identidad suele presentarse como la meta definitiva. Una vez que el público reconoce determinados acordes, texturas o ritmos, existe presión para conservarlos. Pero una identidad artística no debería convertirse en una prisión estilística.
Folamour demuestra que cambiar la manera de producir también puede cambiar aquello que un artista es capaz de imaginar. A veces, encontrar una nueva voz no exige sonar completamente diferente. Exige dejar de trabajar siempre de la misma forma.


