
Mientras buena parte de la industria musical explora herramientas generativas, Gareth Emery decidió marcar un límite propio.
El productor británico lanzó Emotional Intelligence Records, un sello asociado a su proyecto LSR/CITY que establece una regla clara: la música y el arte visual publicados bajo esta plataforma deberán ser creados por personas, no generados de forma sustancial mediante inteligencia artificial.
La decisión apareció después de que Emery expresara preocupación por el uso de material musical para entrenar modelos generativos y por la dificultad creciente de distinguir entre una herramienta que apoya al creador y un sistema que sustituye buena parte del proceso creativo.
IA como apoyo, no como reemplazo
La postura de Emery no plantea rechazar cualquier tecnología basada en inteligencia artificial.
El productor ha diferenciado entre utilizar IA para tareas concretas dentro de una producción y recurrir a sistemas capaces de generar piezas completas a partir de instrucciones. En ese sentido, el sello busca proteger una idea específica de autoría: que la dirección creativa principal siga perteneciendo a una persona.
Esa política también se extiende al arte visual de los lanzamientos.
La primera referencia del sello fue “Burn It Down” de LSR/CITY, funcionando no solo como debut musical, sino como declaración sobre el tipo de catálogo que Emery quiere construir.
Un sello que también toma postura editorial
El lanzamiento de Emotional Intelligence Records llega en un momento en el que plataformas y sellos están empezando a definir sus propias reglas sobre inteligencia artificial.
Beatport, por ejemplo, ya anunció restricciones para tracks generados total o mayoritariamente por IA, mientras otras compañías están desarrollando sistemas de detección o modelos de licencias.
Emery lleva la conversación a otro punto: en lugar de decidir cómo etiquetar ese tipo de contenido, su sello parte de una regla previa sobre qué clase de proceso creativo considera aceptable.
Eso convierte a Emotional Intelligence Records en algo más que una nueva plataforma de lanzamientos. También funciona como una postura sobre cómo debería convivir la inteligencia artificial con la creación musical.


