
Un piano tiene límites físicos: diez dedos, cierta distancia entre las manos y una velocidad máxima. Kelly Moran utiliza la tecnología para preguntarse qué existe después de esos límites.
En Moves in the Field trabajó con un Yamaha Disklavier, un piano capaz de registrar y reproducir interpretaciones. Eso le permitió superponer capas, construir acordes imposibles de tocar de una sola vez y acelerar patrones más allá de sus propias posibilidades físicas.
La tecnología no sustituye a la pianista. Amplía lo que puede hacer frente al instrumento.

Esa búsqueda también atraviesa su trabajo con piano preparado, sintetizadores y electrónica, alterando un sonido familiar hasta llevarlo a otros territorios.
MUTEK MX ya dedicó una sesión de escucha a Moves in the Field, y Moran formará parte de Nocturne el 6 de noviembre.
Su trabajo plantea una idea simple: la tecnología no siempre necesita crear un instrumento nuevo. A veces basta con expandir las posibilidades de uno que ya conocemos.


