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Sin murciélagos no tendríamos tequila en México

En 1988, había menos de 1.000 ejemplares de murciélagos magueyeros, según consta en los informes del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.

Ese organismo anunció que el total estimado de murciélagos asciende ahora a 200.000 y es fruto de un esfuerzo conjunto de organismos oficiales, ambientalistas y productores mexicanos de tequila.


Jalisco, Michoacán y Nayarit, Sonora, Durango, Guerrero, Oaxaca, San Luis Potosí y Zacatecas tienen algo en común: todos cuentan con denominación de origen de destilados producidos con diversas especies de agave. Pero antes de que estas bebidas ganaran fama mundial, hubo un animalito que hizo posible el crecimiento de estas suculentas en el territorio nacional: los murciélagos.

Desde hace millones de años, el murciélago magueyero, cuyo nombre científico es Leptonycteris, ha sido el responsable de polinizar las flores de estas plantas, seleccionando cuidadosamente las que tienen más néctar, para dar como resultado agaves de excelente calidad por su alto contenido de azúcar.

Dicho eso, es correcto asumir que sin estos animales no habría agaves tequileros, mezcaleros ni pulqueros, los cuales solo conforman una fracción de las 138 especies endémicas que crecen en suelo mexicano (de las 200 que existen en el mundo). Por consiguiente, sin su labor no podríamos disfrutar de un trago ardiente de destilado durante la comida.

Estos son una de las 12 especies mexicanas de nectarívoros y habitan desde Arizona y Nuevo México hasta Guatemala y El Salvador, pasando por el centro y oeste de nuestro país. Su naturaleza es nocturna, por lo que permanecen en cuevas, hoyos en los árboles y hasta en los recovecos de construcciones en zonas urbanas durante el día, y en la oscuridad salen a alimentarse del néctar de las flores de los agaves, las cuales abren de noche y crecen en quiotes, tallos altos que florecen en su parte superior.


Si bien es una buena noticia que los murciélagos hayan salido de esta lista roja, esto no significa que gocen de una vida abundante. Esos mamíferos voladores todavía luchan contra la escasez de flores en México debido a las prácticas de cultivo modernas, las cuales ya no se basan en el crecimiento natural de los agaves, sino que implican el corte de la planta antes de que ésta entre en su fase de floración.

Es decir que, para multiplicar las plantas, se utilizan “hijuelos”, que son agaves de menor tamaño que crecen en la base de los grandes. El problema de esto es que son genéticamente iguales, lo que ocasiona que el campo de cultivo sea menos variado y que sea más propenso a contraer enfermedades y bacterias.

Cambio de paradigma

A través de diferentes campañas lograron convencer a los productores de dejar que algunas plantas de agave florezcan y produzcan semillas para que se alimenten los murciélagos.

Estos mamíferos contribuyen al mismo tiempo con la polinización de las plantas.

El Servicio de Peces y Vida Silvestre de EE.UU. destaca que los productores reconocen que “los agaves dependen simbióticamente de los murciélagos para ser polinizados” y agrega que incluso están promocionando a los tequilas “amigables con los murciélagos”.

Los magueyeros viven la mayor parte del año en el sur de México y sólo migran hacia el norte para reproducirse. Cuando llegan a EE.UU. se alimentan en parques nacionales y zonas controladas por el Servicio Federal de Bosques.

Allí se mantienen plantas de agave, además de diferentes variedades de cactus que sirven de alimento para los murciélagos. En las mismas áreas se restringe la presencia humana en cuevas y minas abandonadas donde tienen sus nidos.