
Hay lugares que no funcionan únicamente como escenario. El bosque, el lago y la playa de De Plas forman parte de la identidad de Extrema Outdoor Belgium. La música no sucede frente a la naturaleza, sino dentro de ella.
Eso es precisamente lo que me interesa del festival, pero también lo que me lleva a hacerme una pregunta: ¿puede una celebración de esta escala ocupar un entorno natural sin convertirlo en una simple escenografía?
La libertad también implica responsabilidad
Un festival reúne durante unos días escenarios, luces, transporte, alimentos y miles de personas. Después desmonta sus estructuras y desaparece. El paisaje, en cambio, permanece y recibe las consecuencias de todo lo ocurrido.
Extrema reconoce esta tensión mediante medidas como la eliminación del confeti sintético y los grandes fuegos artificiales, la reutilización de escenarios y decoraciones, el uso de vasos retornables y las jornadas de limpieza alrededor del bosque y el lago.
También ha incorporado energía eólica, baterías para reducir el uso de generadores y sanitarios de vacío que consumen menos agua. Ninguna de estas acciones elimina por completo la huella del festival, pero sí demuestra algo importante: celebrar en la naturaleza obliga a cuidarla.
La fiesta también debe saber retirarse
Para mí, la sostenibilidad no debería utilizarse como una palabra atractiva dentro de una campaña. Tendría que observarse en las decisiones menos espectaculares: aquello que se evita, se reutiliza, se recoge y se devuelve.
La libertad de bailar al aire libre existe gracias a un entorno que no nos pertenece. Podemos habitarlo durante algunas horas, pero también tenemos la responsabilidad de entregarlo de regreso.
Extrema Outdoor resulta interesante porque su paisaje no es un fondo intercambiable. Es parte de la experiencia y, al mismo tiempo, establece sus límites.
Quizá un festival no debería medirse únicamente por lo que logra construir durante tres días, sino también por su capacidad para desaparecer sin llevarse algo del lugar.
Bailar también puede ser una forma de estar presentes. Y estar presentes comienza por no olvidar dónde estamos.


