
Hubo un tiempo en que este lugar guardaba dinero. Después fue guradian de algo más: la energía de una ciudad que aprendía a bailar sobre sus propias ruinas.
Tresor nació en las bóvedas del antiguo Wertheim, bajo toneladas de concreto, acero y tierra. El techno encontró ahí un espacio que no necesitaba ser domesticado.
Las paredes duras devuelven las frecuencias con rapidez. Los graves encuentran poco espacio para escapar y se convierten en presión; las reflexiones cortas se mezclan con los golpes de la máquina. No hay una gran distancia entre el sonido y el cuerpo. Todo ocurre cerca: el kick, el metal, el concreto, el sudor, la respiración.
Tresor no parece una sala que reproduce música. Parece una estructura que está siendo obligada a vibrar.
Así suena Tresor, en Berlín.

