
Durante mas de un siglo estas paredes fueron construidas para el silencio. Aquí hubo bancos, vitrales y ceremonias. Despues llegaron los jovenes, la contracultura y una idea distinta de lo sagrado.
En 1968, la antigua iglesia abrio sus puertas como espacio cultural y poco a poco encontro una nueva congregacion: musicos, DJs y cuerpos dispuestos a bailar.
La arquitectura todavia guarda algo de aquella vida. Los techos altos dejan que el sonido ascienda antes de regresar, las superficies duras conservan las primeras reflexiones y el aire de la sala permanece suspendido entre la musica y los cuerpos.
Pero ahora las voces no miran hacia un altar, miran hacia una pista de baile. Hay algo exyraño y hermoso en escuchar musica electronica dentro de una antigua iglesia. Durante unas horas la arquitectura vuelve a ser aquello para lo que fue construida: reunir personas en un mismo lugar, levantar los ojos y sentir que algo invisible esta sucediendo sobre nosotros.
Lo que vas a escuchar es una replica exacta del sonido de ese lugar.
Asi suena Paradiso en Amsterdam.


