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Zamna Tulum: cuando bailar se convierte en una forma de conectar

Zamna Tulum se disfruta más allá del cartel: una experiencia donde la música electrónica, la selva y el cuerpo encuentran un mismo ritmo.

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Zamna Tulum: cuando bailar también se convierte en una forma de conectar

Para mí, Zamna no se disfruta tratando de controlar cada momento de la noche. Se disfruta cuando dejas de mirar el reloj, bajas un poco las expectativas y permites que el lugar marque su propio ritmo.

Hay festivales a los que llegas siguiendo un Line Up. Sabes a quién quieres escuchar, a qué hora debes moverte y cuál será el siguiente escenario. En Zamna, esa lógica funciona solo hasta cierto punto, porque la experiencia no depende únicamente de quién está detrás de la cabina. La selva también forma parte del espectáculo.

El sonido no aparece aislado. Se mezcla con la oscuridad, la vegetación, el aire y la sensación de estar lejos de la rutina. Por momentos, la música deja de sentirse como algo que viene de un sistema de audio y comienza a formar parte del entorno.

Ahí es donde Zamna encuentra algo diferente.

La selva no es una escenografía

Zamna nació en Tulum en 2017 y construyó su identidad alrededor de la combinación entre música electrónica, naturaleza y producción audiovisual. Con el tiempo llevó su concepto a distintas ciudades del mundo, pero su origen continúa siendo esencial para comprenderlo.

La selva no funciona solamente como un fondo bonito para las fotografías. Modifica la manera en que percibes la música. Las luces atraviesan los árboles, las estructuras parecen surgir del paisaje y los sonidos repetitivos adquieren otra profundidad cuando no están encerrados entre las paredes de un club.

Para disfrutarlo realmente hay que observar más allá del escenario. Mirar alrededor, reconocer el espacio y entender que la producción no busca borrar la naturaleza, sino dialogar con ella.

Cuando todo se conecta, la experiencia deja de parecer una fiesta montada en la selva y comienza a sentirse como una noche que solamente podría suceder ahí.

La repetición también puede llevarte hacia adentro

A veces pensamos que disfrutar la música electrónica significa esperar constantemente el siguiente drop. Sin embargo, algunos de sus momentos más poderosos aparecen cuando dejamos de perseguir estímulos y permitimos que la repetición haga su trabajo.

Un ritmo que se mantiene durante varios minutos puede modificar la percepción del tiempo. El cuerpo empieza a seguirlo sin necesidad de pensarlo y la mente deja de adelantarse a lo que viene.

Para mí, esa es la conexión espiritual que puede existir en Zamna. No tiene que ver con fingir que estamos participando en una ceremonia ancestral ni con colocarle una explicación mística a todo. Tiene que ver con estar presente.

Es ese instante en el que la música, el cuerpo y el entorno dejan de sentirse como cosas separadas. Sigues rodeado de miles de personas, pero también puedes entrar en un espacio completamente personal.

Fer OrtizEscribe para Beat 100.9.
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