
Los ladrillos de este lugar alguna vez formaron parte de Smithfield Market, uno de los grandes mercados de carne de Londres. Después llegaron las luces, los cuerpos y la música electrónica.
Desde 1999, Fabric ha convertido aquella arquitectura industrial en una máquina para sentir el sonido: superficies duras que devuelven las frecuencias, una sala diseñada para conservar el golpe de la música y un sistema que no sólo se escucha, sino que se siente en el cuerpo.
En Room One, los graves pueden viajar por el suelo mientras las reflexiones de las paredes mantienen el espacio vivo alrededor de la música. El bajo golpea el cuerpo y, detrás de ellos, ladrillo, metal, aire y cientos de personas construyen otra capa de sonido.
Así suena Fabric, en Londres: no es una sala donde ocurre la música, es un lugar que participa en la experiencia.
